El destino del Mundo

Dios creó nuestra historia y a ÉL nos debemos

domingo, 21 de mayo de 2017

Devoción Matutina Adultos ¿Por cuáles cosas debemos orar?

Devoción Matutina Adultos ¿Por cuáles cosas debemos orar?

MUCHOS SON LOS que, aunque se esfuerzan por guardar los mandamientos de Dios, tienen poca paz y alegría. Ese vacío en su experiencia es el resultado de no ejercer la fe. Caminan como si estuvieran en una tierra salitrosa, o en un desierto. Exigen poco, cuando podrían pedir mucho, ya que las promesas de Dios son ilimitadas. No representan correctamente la santificación que se obtiene mediante la obediencia. El Señor desea que todos sus hijos sean felices, llenos de paz y obedientes. Mediante el ejercicio de la fe, el creyente llega a poseer esas bendiciones. Mediante ella puede suplirse cada deficiencia del carácter, purificarse cada contaminación, corregirse cada falta, desarrollarse cada excelencia.

La oración es el medio ordenado por el cielo para obtener éxito en el conflicto con el pecado y desarrollar el carácter cristiano. Las influencias divinas que vienen en respuesta a la oración de fe, efectuarán en el alma del suplicante todo lo que pide. Podemos pedir perdón por el pecado, podemos pedir el Espíritu Santo, un temperamento semejante al de Cristo, sabiduría y poder para realizar su obra, o cualquier otro don que él ha prometido; y la promesa es: «Se les dará» (Mat. 7: 7, NVI).

Fue en el monte con Dios donde Moisés contempló el modelo de aquel maravilloso edificio donde debía morar su gloria. Es en el monte con Dios —en el lugar secreto de comunión— donde nosotros podemos contemplar su glorioso ideal para la humanidad. En todas las edades, mediante la comunión con el cielo, Dios ha cumplido su propósito para sus hijos, desarrollando gradualmente ante sus mentes las doctrinas de la gracia. Su manera de impartir la verdad se ilustra con las siguientes palabras: «Tan cierto como que sale el sol» (Ose. 6: 3, NVI). El que se coloca donde Dios puede iluminarlo, alcanza, por decirlo así, desde la oscuridad parcial del alba hasta la plena luz del mediodía.


La verdadera santificación significa amor perfecto, obediencia perfecta y conformidad perfecta a la voluntad de Dios. Somos santificados por Dios mediante la obediencia a la verdad. Nuestra conciencia debe ser purificada de las obras de muerte sirviendo al Dios viviente. Todavía no somos perfectos; pero es nuestro privilegio separarnos de los lazos del yo y del pecado y avanzar hacia la perfección



jueves, 18 de mayo de 2017

Devoción Matutina Adultos Oración y promesas


LA LLAVE DE LOS DEPÓSITOS CELESTIALES

«Por medio de estas cosas nos ha dado sus promesas, que son muy grandes y de mucho valor, para que por ellas lleguen ustedes a tener parte en la naturaleza de Dios». 2 Pedro 1: 4, DHH

CUANDO SUPLICAMOS al Señor que se compadezca de nosotros en nuestras aflicciones y que nos guíe mediante su Santo Espíritu, no desoirá nuestra petición. Es posible que aun un padre se aleje de su hijo hambriento, pero Dios no podrá nunca rechazar el clamor del corazón menesteroso y anhelante. ¡Con qué ternura maravillosa describió su amor! A los que en días de tinieblas sientan que Dios no cuida de ellos, este es el mensaje del corazón del Padre: «Pero Sion dijo: “El Señor me ha abandonado; el Señor se ha olvidado de mí”. ¿Puede una madre olvidar a su niño de pecho, y dejar de amar al hijo que ha dado a luz? ¡Aun cuando ella lo olvidara, ¡yo no te olvidaré! Grabada te llevo en las palmas de mis manos» (Isa. 49: 14-16, NVI).

Toda promesa de la Palabra de Dios viene a ser un motivo para orar, pues su cumplimiento nos ha sido garantizado por la palabra empeñada por el señor. Tenemos el privilegio de pedir por medio de Jesús cualquier bendición espiritual que necesitemos. Podemos decir al Señor exactamente lo que necesitamos, con la sencillez de un niño. Podemos exponerle nuestros asuntos temporales, y suplicarle pan y vestido, así como el pan de vida y el manto de la justicia de Cristo. Nuestro Padre celestial sabe que necesitamos todas estas cosas, y nos invita a pedírselas. En el nombre de Jesús es como se recibe todo favor. […]

No olvidemos, sin embargo, que al acercarnos a Dios como a un Padre, reconocemos nuestra relación con él como hijos. No solamente nos fiamos en su bondad, sino que nos sometemos a su voluntad en todas las cosas, sabiendo que su amor no cambia. Nos consagramos para hacer su obra. A quienes había invitado a buscar primero el reino de Dios y su justicia, Jesús les prometió: «Pidan y recibirán» (Juan 16: 24, NVI).


Los dones de Aquel que tiene todo poder en el cielo y en la tierra esperan a los hijos de Dios. Todos los que acudan a Dios como niñitos recibirán y gozarán dádivas preciosísimas pues las proveyó el costoso sacrificio de la sangre del Redentor, dones que satisfarán el anhelo más profundo del corazón, regalos permanentes como la eternidad. Aceptemos como dirigidas a nosotros las promesas de Dios. Presentémoslas ante él como sus propias palabras, y recibiremos la plenitud del gozo





lunes, 15 de mayo de 2017

Devoción Matutina Adultos Hermosas oraciones

HASTA ENTONCES, los discípulos no conocían los recursos y el poder limitado del Salvador. Él les dijo: «Hasta ahora no han pedido nada en mi nombre» (Juan 16: 24, NVI). Explicó que el secreto de su éxito consistiría en pedir fuerza y gracia en su nombre. Estaría delante del Padre para pedir por ellos. La oración del humilde suplicante es presentada por él como su propio deseo en favor de aquella alma. Cada oración sincera es oída en el cielo. Tal vez no sea expresada con fluidez; pero si procede del corazón ascenderá al santuario donde Jesús ministra, y él la presentará al Padre sin balbuceos, hermosa y fragante con el incienso de su propia perfección.

La senda de la sinceridad e integridad no es una senda libre de obstáculos, pero en toda dificultad hemos de ver una invitación a orar. Nadie tiene poder que no haya recibido de Dios, y la fuente de donde proviene está abierta para el ser humano más débil. «Y todo lo que pidan al Padre en mi nombre —dijo Jesús—, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si algo piden en mi nombre, yo lo haré» (Juan 14: 13-14, RVC).

Cristo ordenó a sus discípulos que oraran en su nombre. En el nombre de Cristo hemos de comparecer ante el Padre. Por el sacrificio hecho en nuestro favor Dios nos tiene en alta estima. Se nos considera valiosos a causa de la justicia de Cristo. Por causa de Cristo, el Señor perdona a los que le temen. No ve en ellos la vileza del pecador sino que reconoce en ellos la semejanza de su Hijo en quien creen.


El Señor se entristece cuando su pueblo se tiene en estima demasiado baja. Desea que su heredad escogida se estime según el valor que él le ha atribuido. Dios nos ama; de lo contrario no habría mandado a su Hijo a una empresa tan costosa para redimirnos. Tiene una tarea para cada uno de nosotros y le agrada cuando le dirigimos las más elevadas demandas a fin de glorificar su nombre. Podemos esperar grandes cosas si tenemos fe en sus promesas.



jueves, 11 de mayo de 2017

Devoción Matutina Adultos | Lo que debemos aprender sobre la oración


PERO [EL SALVADOR] SABÍA también que el padre, en su interior, se había impuesto ciertas condiciones para creer en Jesús. A menos que se le concediera lo que iba a pedirle, no lo recibiría como el Mesías. […]

Sin embargo, el noble tenía cierto grado de fe; pues había venido a pedir lo que le parecía la más valiosa de todas las bendiciones. Jesús tenía un don mayor que otorgarle. No solo deseaba sanar al niño, sino hacer participar al oficial y su casa de las bendiciones de la salvación, y encender una luz en Capernaúm, que había de ser pronto campo de sus labores. […]

El oficial deseaba conocer más de Cristo, y al oír más tarde sus enseñanzas, él y toda su familia llegaron a ser discípulos suyos. Su aflicción dio paso a la conversión de toda su familia. Las noticias del milagro se difundieron; y en Capernaúm, donde Cristo realizó tantas obras maravillosas, quedó preparado el terreno para su ministerio personal.

El que bendijo al noble en Capernaúm, quiere hoy bendecirnos también. Pero como el padre afligido, a veces buscamos a Jesús procurando algún beneficio terrenal; y nuestra confianza en él depende de que nos conceda nuestras peticiones. El Salvador anhela darnos una bendición mayor que la que solicitamos; y retarda su respuesta a fin de poder mostrarnos el mal que hay en nuestro corazón y nuestra profunda necesidad de su gracia. Desea que renunciemos al egoísmo que nos induce a buscarlo. Confesando nuestra impotencia y nuestra imperante necesidad, debemos confiar completamente en su amor.

El oficial quería ver el cumplimiento de su oración antes de creer; pero tuvo que aceptar la afirmación de Jesús de que su petición había sido oída y el beneficio otorgado. Nosotros también tenemos que aprender esta lección. Nuestra fe en Cristo no debe radicar en que veamos o sintamos que él nos oye. Debemos confiar en sus promesas. Cuando acudimos a él con fe, toda petición alcanza el corazón de Dios. Cuando hemos pedido su bendición, debemos creer que la recibimos y agradecerle de que la hemos recibido. Luego debemos atender nuestros deberes, seguros de que la bendición se realizará cuando más la necesitemos. Cuando hayamos aprendido a hacer esto, sabremos que nuestras oraciones son contestadas. Dios obrará por nosotros «mucho más abundantemente de lo que pedimos», «conforme a las riquezas de su gloria», y «según la acción de su fuerza poderosa»






El estado de los muertos

INTRODUCCIÓN
El tema del estado de los muertos es un asunto que debemos reflexionar y conocer a la saciedad de manera especial en estos días en donde los ataques y engaños de Satanás se recrudecen más y más. Es un tema que ha captado la mente de los seres humanos a lo largo de la historia de las civilizaciones. Todas las religiones de alguna u otra manera asumen una posición para tratar de explicar este mal que nos acontece a todos. De hecho, la inmensa mayoría de las religiones existen precisamente para tratar de buscar algún tipo de explicación y consuelo ante la tragedia de la muerte la cual el hombre ha sido incapaz de resolver por sí mismo. Es por esto que no es de extrañarse que muchos templos para la adoración, a través del mundo, se sitúen en derredor de los cementerios. Tampoco nos debe sorprender que en los distintos cementerios se haga alusión directa a las creencias religiosas del difunto en cuanto al tema de la muerte. En otras palabras el tema de la muerte suele ser explicado dentro del ámbito religioso, por ser considerado un tema que va mas allá del marco de la comprensión racional humana.
Por lo que aparenta todas las religiones del mundo parecen haber sucumbido a la primera mentira satánica pronunciada en el huerto del Edén cuando la serpiente le dijo a Eva: “No morirás”. Esta mentira no se pudo sostener empíricamente luego de que la humanidad presenciara la eventual muerte de la primera pareja y de todos los seres que han nacido sobre el planeta, por lo que tuvo que sufrir una transformación para poder sostenerse hasta hoy. Satanás, el padre de la mentira y señor de los disfraces, la maquilló diciendo que el hombre al morir en realidad no muerte sino que lo que hace es pasar a una nueva dimensión en el mundo de los espíritus desconocida por los que vivimos en el cuerpo carnal. Esto ha abierto la puerta para que Satanás y sus ángeles caídos vengan a esta tierra a propagar el engaño a través de supuestos mensajes del mas allá. El hombre le ha abierto los sentidos para recibir toda clase de doctrinas de demonios como si fueran mensajes bajados directamente del cielo.
A Satanás no le gusta en lo absoluto que se le descubran sus maquinaciones. Cuando este tema es expuesto con autoridad bíblica, las intenciones del diablo quedan al descubierto y no puede ejercer su control sobre los seres humanos. Es por eso que todo buen adventista del séptimo día debiera conocer lo que la Biblia presenta en cuanto al verdadero estado de los muertos para así desenmascarar al enemigo de las almas y evitar que las personas caigan en sus diabólicas redes.
Este trabajo pretende humildemente ampliar un poco lo que el profesor Norman Gulley magistralmente discute en varios capítulos de su libro Cristo Viene en particular los capítulos 21 y 22 los cuales me fueron asignados en la clase. Espero que los que lean este escrito disfruten y aprendan tanto como yo lo hice. Que Dios les bendiga!
Proceso de la Vida (La Creación de Dios)
Para poder comprender con más claridad el proceso de la muerte es sumamente necesario que comprendamos el proceso inverso de la misma... ¡la vida!, la maravillosa vida que Dios nos dio. Necesitamos investigar ¿cómo llegamos a la existencia? ¿Cómo es el proceso de la vida? Para ello es imprescindible que nos remontemos a donde se originó la vida por primera vez. No me refiero a un caldo de aminoácidos bajo el estruendoso impacto de miles de voltios producidos por una tormenta eléctrica, sino a la creación del hombre de la mano del Dios omnipotente, tal como lo registra el relato bíblico en el libro de Génesis. Formó, pues, El SEÑOR Dios al hombre [del] polvo de la tierra, y sopló en su nariz [el] aliento de vida; y fue el hombre un alma viviente.1
Veamos las palabras claves utilizadas en el idioma original (hebreo2):
  1. polvo עָפָר (afár) se lo define como: lodo, tierra, barro, ceniza, escombro, 
    mezcla, polvo.
  2. soplo נְשָמָה (neshamá) resoplido, viento, furia o aliento vital, inspiración divina, intelecto, alma, espíritu, hálito, que respira, respirar, soplo, vida, viviente. 
    • Sinónimo de ַרוח (rúakj) que quiere decir viento; por semejanza aliento, una exhalación sensible o incluso violenta.
  3. alma נֶפֶש (néfesh) criatura que respira, ser, vida.
Mientras que las palabras utilizadas por Nuestro Señor Jesús en el griego3 del Nuevo Testamento son:
  1. σῶμα (sóma) se le define como el cuerpo completo.
  2. πνεῦμα (pneúma) de corriente de aire, respiración (soplo) o brisa, espíritu.
  3. ψυχή (psujé); persona, ser, vida, alma, ánimo.
El proceso de creación para dar vida involucra la unión de dos materias sin vida en sí mismas, el polvo de la tierra y el aliento de Dios. Hay que señalar que el aliento de Dios produce vida pero no vive concientemente por sí solo separado del cuerpo (polvo de la tierra). De lo contrario el hombre hubiese tenido una existencia previa antes de la creación y no hubiese necesitado del cuerpo para vivir y mucho menos del órgano del cerebro para pensar. Es curioso ver que los que proponen la inmortalidad del alma no se hayan puesto a pensar cómo, por ejemplo, una persona pueda recibir un golpe en la cabeza y perder la conciencia aun preservando la vida sin embargo si ese golpe fuese más fuerte al grado tal que la persona perdiese la vida, entonces recibiría una conciencia superior a la que tenía cuando usaba el cerebro. Esto es muy contrario a lo que la Biblia nos dice: Porque los que viven saben que han de morir; pero los muertos nada saben, ni tienen más paga; porque su memoria es puesta en olvido. También su amor y su odio y su envidia fenecieron ya; y nunca más tendrán parte en todo lo que se hace debajo del sol.4
Volviendo al análisis lingüístico, lo que conocemos como ser o alma (néfesh) resulta de la unión del espíritu o aliento de Dios y del polvo de la tierra. Antes no había existencia; es por esto que la frase alma viviente implica que debe existir un alma sin vida o un ser sin vida, tal como lo establecen los siguientes versos: “He aquí que todas las almas son mías; como el alma del padre, así el alma del hijo es mía; el alma que pecare, esa morirá[5^]. El alma que pecare, esa morirá”.6 Esto tira por el suelo la creencia de la inmortalidad del alma tan ampliamente aceptada por la humanidad en general (cristianos y no cristianos).
PROCESO DE LA MUERTE (CONSECUENCIA Y PAGA DEL PECADO)
La muerte se define como: “Lo opuesto al crecimiento biológico, la cesación de la vida.”7 Vemos como en la muerte no hay vida, ni aún una forma distinta de ella. El proceso de la muerte es exactamente inverso al proceso de la vida: “y el polvo vuelva a la tierra, como era, y el espíritu vuelva a Dios que lo dio”.8 Aquí vemos el proceso inverso al que vimos en la creación. Entonces viene la gran pregunta: ¿qué pasa con los seres (almas) cuando nos llega la muerte? Podemos contestarlo de la siguiente manera: sencillamente el “ser” deja de “ser” ya no existe, ya no es más. El único que tiene existencia propia es Dios, Él no llegó a ser porque sencillamente Él es9, tiene existencia en sí mismo. Los demás seres creados (sus criaturas) necesitan del Él para existir por eso puso su aliento en nosotros para darnos vida. El alma deja de estar viva y se muere, ya no es más un alma viviente sino un alma muerta, quizás ahora podamos entender mejor la razón para ese importante adjetivo “viviente”.
Los que creen, como bien dice la Biblia, que existe una resurrección de los muertos y a su vez creen que el alma es inmortal, entran en una magna contradicción, pues entonces ¿para qué es necesaria una resurrección de muertos si nunca lo estuvimos? ¿Qué es lo que Dios viene a buscar en ocasión de su segunda venida10, materia orgánica descompuesta para ponerle un alma que nunca murió? No creo que esto sea hacerle un favor al alma. Como tampoco hubiese sido un favor o acto de amor, el haber resucitado a Lázaro, sacándolo de una supuesta vida mejor con el Padre Celestial para traerlo a los sinsabores de este mundo.
La Biblia nos presenta a la resurrección de los muertos como lo que realmente es una re-creación, donde Dios vuelve a utilizar el mismo proceso que utilizó en el Edén para crear al hombre.11 Dios vuelve a crear es por eso que lleva el nombre de re-crear.
EL HOLISMO VS EL DUALISMO
El holismo del griego ὅλος (holos) que significa todo, entero, total, nos enseña que el alma está de modo inextricable unida con el cuerpo. No hay vida (ser o alma) fuera del cuerpo. Por otra parte, el dualismo cuyos exponentes máximos han sido Platón, San Agustín de Hipona y Descartes, implica que la vida o alma (néfesh) puede seguir existiendo de manera conciente fuera del cuerpo. Algunos argumentos que derriban al dualismo son:
• No necesitaríamos el cerebro, el cual es parte del cuerpo, para pensar y permanecer concientes.
• Si la paga del pecado es la muerte y el alma es inmortal, entonces la caída en el Edén fue de cuerpo solamente. No podemos decir que el cuerpo peca pero el alma no.
• Si en el Edén ocurre solo la caída del cuerpo, entonces deberíamos bautizar solo cuerpos y no almas. No se puede bautizar el cuerpo sin el alma ni viceversa.
• Si el alma ya tiene inmortalidad entonces lo que se perdió fue el cuerpo y no deberíamos hablar de ganar almas para vida eterna sino más bien ganar cuerpos que son los que mueren.
• Si todos los cuerpos que han existido han muerto y se han descompuesto entonces ¿para qué bautizar cuerpos?
• El alma que pecare morirá.12
Gulley presenta el concepto holístico de la siguiente manera: “No es un alma dentro de un cuerpo; es una persona con un cuerpo o un cuerpo que es una persona.”13
¿EL SUEÑO DEL ALMA?
¿En qué estado se encuentra el hombre después de su muerte y antes de su resurrección? El pensamiento dualista supone que al morir sólo el alma duerme mientras que el cuerpo se pudre, por eso han acuñado la frase “sueno del alma”14, para referirse al estado de los muertos. Aunque a primera instancia parece una frase simpática e inofensiva, la misma viene cargada con la filosofía dualista de la inmortalidad del alma. Cabe señalar que tampoco sueño del cuerpo sería una frase adecuada.
Curiosamente la iglesia católica, que defiende la doctrina de la infalibilidad papal, ha sido ambivalente en este respecto y a través de la historia papas han discrepado diametralmente en este punto. Por ejemplo el papa Juan XXII consideró que el alma no va a estar con Dios sino hasta el juicio final y que mientras tanto solo duerme. Mientras que su sucesor Benedicto XII proclamó un edicto en 1336 que van a morar con Dios inmediatamente después de la muerte. Me pregunto ¿cómo es posible que los hermanos católicos se traguen tan fácilmente el dogma de la infalibilidad papal? La simple lógica nos dice que alguno de los dos papas mencionados anteriormente tenía que estar equivocado, lo cual derribaría este falso dogma. Pero eso es harina de otro costal.
Volviendo a la pregunta inicial: ¿en qué estado se encuentra el hombre después de su muerte y antes de su resurrección? Nuevamente hay que contestarla de la siguiente manera: en el mismo estado dónde se encontraba antes de ser creado pues el polvo vuelva a la tierra, como era, y el espíritu vuelva a Dios que lo dio” - Ecc 12:7. El ser deja de ser, descansa aguardando la resurrección en el día postrero. Esa era la fe de los discípulos de Jesús. Esa fue la fe de María la hermana de Lázaro Marta le dijo: Yo sé que resucitará en la resurrección, en el día postrero (Juan 11:24). Incluso esa fue la fe del ladrón en la cruz cuando le dijo a Jesús: “...Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino”
(Luk 23:42). Fue también la fe que Dios mismo puso en los profetas del Antiguo Testamento: “Y tú irás hasta el fin, y reposarás, y te levantarás para recibir tu heredad al fin de los días” (Dan 12:13).
TEXTOS OSCUROS
Hay algunos o pasajes en la Biblia que parecieran contradecir el concepto de la mortalidad del alma. Incluso en algunos casos se ha sugerido que los textos dicen que los impíos habrán de ser torturados por la eternidad. Frases como la llama que no se apaga o el gusano que nunca muere, se han sacado de contexto distorsionando el verdadero carácter de amor que Dios posee. Si la persona pecó por un periodo de tiempo finito ¿por qué habría de ser justo que pagasen con sufrimiento infinito? Esto esta en contra de la justicia y la misericordia divina.
Sabemos que no se puede hacer teología con un verso y que la Biblia no puede contradecirse. Es por eso que se dedicará el resto de este trabajo para tratar de traer luz adicional sobre estos pasajes o textos oscuros, como se conocen comúnmente en el argot teológico. Se discutirán a continuación los pasajes que más polémica han traído: El Ladrón en la Cruz, La Pitonisa de Endor y El Rico y Lázaro.

lunes, 8 de mayo de 2017

Devoción Matutina Adultos | Dios no se agobia con nuestras súplicas

HAGAMOS EL ESFUERZO de elevar nuestro espíritu para que Dios nos conceda respirar la atmósfera del cielo. Podemos mantenernos tan cerca de Dios que en cualquier prueba inesperada, nuestros pensamientos se vuelvan hacia él tan naturalmente como la flor se vuelve hacia el sol.

Presenta a Dios tus necesidades, tristezas, gozos, preocupaciones y temores. No puedes incomodarlo ni agobiarlo. El que tiene contados los cabellos de tu cabeza no es indiferente a las necesidades de sus hijos, «porque el Señor está lleno de ternura y misericordia» (Sant. 5:11, NTV). Nuestra aflicciones conmueven su tierno corazón, especialmente cuando las compartimos con él. Llévale todo lo que confunde. No hay carga que resulte tan pesada que él no la pueda sobrellevar; pues él sostiene los mundos y rige el devenir del universo. Nada que de alguna manera afecte nuestra paz es tan pequeño que él no lo note. No hay en nuestra experiencia ningún episodio tan oculto que él no lo haya conocido, ni perplejidad tan grande que no la pueda solventar. Ninguna calamidad puede ocurrirle al más humilde de sus hijos, ninguna ansiedad puede asaltarlo, ningún gozo alegrarlo, ninguna oración sincera surgir de los labios sin que el Padre celestial lo perciba y sin que él se tome en ello un interés inmediato. Él «restaura a los abatidos y cubre con vendas sus heridas» (Sal. 147: 3, NVI). Las relaciones entre Dios y cada alma son tan especiales y únicas como si no hubiera habido otra alma de la que ocuparse ni por la cual entregar a su Hijo amado.

El Señor Jesús dijo: «En aquel día pedirán en mi nombre. Y no digo que voy a rogar por ustedes al Padre, ya que el Padre mismo los ama» (Juan 16: 26-27, NVI). «Yo los escogí a ustedes […]. Así el Padre les dará todo lo que le pidan en mi nombre» (Juan 15: 16, NVI). Orar en el nombre del Señor Jesús es más que hacer simplemente mención de su nombre al principio y al fin de la oración. Es orar con los sentimientos y el espíritu de él, creyendo en sus promesas, confiando en su gracia y haciendo sus obras.

Dios no pide a nadie que se vuelva ermitaño o monje, ni que se retire del mundo a fin de consagrarse a la adoración. La vida tiene que ser como la de Cristo, que estaba repartida entre la montaña y la multitud. Quien no hace nada más que orar, pronto dejará de hacerlo, o sus oraciones llegarán a ser una rutina formalista



jueves, 4 de mayo de 2017

Devoción Matutina Adultos | Otra condición

LA ORACIÓN EFICAZ tiene otro elemento: la fe. «Cualquiera que se acerca a Dios tiene que creer que él existe y que recompensa a quienes lo buscan» (Heb. 11:6, NVI).

El Señor Jesús dijo a sus discípulos: «Crean que ya han recibido todo lo que estén pidiendo en oración, y lo obtendrán» (Mar. 11; 24, NVI). ¿Le tomamos la palabra a Dios?

La seguridad es amplia e ilimitada, y fiel es el que ha prometido. Cuando no recibimos exactamente y de inmediato lo solicitado, hemos de seguir confiando en que el Señor nos escucha y responderá nuestras oraciones. Somos tan cortos de vista y tan propensos a errar, que algunas veces pedimos cosas que no serían una bendición para nosotros, y nuestro Padre celestial contesta con amor nuestras oraciones dándonos aquello que es para nuestro mejor bien, aquello que nosotros mismos desearíamos si, iluminados de celestial saber, pudiéramos ver todas las cosas como realmente son.

Cuando nos parezca que nuestras oraciones no son contestadas, tenemos que aferrarnos a la promesa; porque el tiempo de recibir la respuesta ciertamente llegará y recibiremos las bendiciones que más necesitamos. Por supuesto, pretender que nuestras oraciones sean siempre contestadas en la misma forma y conforme exactamente con lo solicitado, es presunción. Dios es demasiado sabio para equivocarse, y demasiado bueno para negar un bien a los que andan en integridad. Así que no temas confiar en él, aunque no veas la respuesta inmediata a tus oraciones. Confía en la seguridad de su promesa: «Pidan, y se les dará» (Mat. 7: 7, NVI).

Si nos dejamos guiar por nuestras dudas y temores, o antes de tener fe procuramos resolver todo lo que no veamos claramente, las dudas no harán sino aumentar y agudizarse.

Pero si nos acercamos a Dios, sintiéndonos desamparados y necesitados, como en realidad estamos, y con fe humilde y confiada presentamos nuestras necesidades ante Aquel cuyo conocimiento es infinito y que ve todas las obras de su creación y todo lo gobierna por su voluntad y palabra, él puede y quiere atender nuestro clamor, y hará

resplandecer la luz en nuestro corazón. Cuando imploramos misericordia y bendición de Dios, hemos de tener un espíritu de amor y perdón en nuestro propio corazón.